Pa’l Norte 2025 (Green Day, más que nada)

En Vivo #13


Hace dos años, la primera ocasión que el festival más ascendente de todos, el Pa’l Norte, duró tres días, se programó para el fin de semana anterior a la Semana Santa. Tenía sentido, si querías ir tal vez tenías que posponer tu plan vacacional unos días, pero era una buena forma de empezar la «semana mayor». Para 2024, el fin de semana de Pa’l Norte fue justo EN Semana Santa, causando que la gran mayoría de los asistentes tuvieran que asistir después de darle el pésame a la Virgen y desvelarse tras fiestear por horas el domingo antes de regresar a la rutina al día siguiente. Incómodo, pero tolerable, supongo. Ahora, en 2025, los tres días más ascendentes del año son literalmente en un fin de semana cualquiera. Si eres una persona productiva (godín, más que nada), era complicado llegar temprano el viernes para aprovechar todo lo que el festival te podía ofrecer y, aparte, aplica el mismo caso que 2024.  No sé en qué estaban pensando.

En fin, después de este desahogo, daré inició a la ya tradicional crónica anual sobre mi experiencia asistiendo a Pa’l Norte en esta su 13° edición, y mi 12° edición consecutiva. Sin embargo, este año fue diferente a los anteriores. Hace un año escribí que, por cuestiones de la vida, esa vez podía acabar mi racha de asistencias consecutivas. Afortunadamente no pasó, pero mi asistencia este año sí se vio comprometida por esas mismas cuestiones. En resumen, se redujo a ver a GREEN DAAAAAAAY y a otras cuantas cosas desafortunadas que se nos atravesaron por el camino.

Tenía mucho tiempo sin sentir un alivio tan grande como aquel día en el que Apodaca Group por fin decidió publicar los horarios de esta edición del Pa’l Norte y vi que Green Day empezaría casi a las doce de la noche. En el mejor de los casos, saldríamos a las ocho para encontrar estacionamiento rápidamente y caminaríamos hasta el acceso 7, el de general, para de ahí ver a Saúl Hernández en el «escenario acústico», luego a St. Vincent en el escenario Fusión, luego un ratillo a Massive Attack en el escenario Original y culminar elevándonos en el escenario Light viendo a Green Day. En el peor de los casos, llegaríamos a elevarnos viendo a Green Day nada más. Entre más tiempo de margen tuviéramos sería mucho mejor.

Viendo la cantidad de gente que estaba intentando entrar al E10, el estacionamiento «oficial» del festival, como a eso de las cinco de la tarde, temí por la ejecución exitosa de mi plan. Probablemente encontrar estacionamiento sería más difícil de lo que esperaba. Afortunadamente salimos a eso de las 8:30 hacia el Parque Fundidora, una cosa llevó a la otra y en unos quince minutos estábamos estacionados en el primer piso del E10. Todo estaba saliendo a la perfección.

Caminamos como media hora para llegar al acceso 7, igual que el año pasado (y como hicimos en el Corona Capital… ¿será algo de festivales?), y por fin entramos a territorio Pa’l Norte. Lo primero que hicimos fue comprar camisas de Green Day y buscar algo para cenar, al cabo teníamos tiempo. Decidimos pedir un cono de boneless y papas muy olvidable de un lugar del cual, coincidentemente, no recuerdo el nombre. De ahí nos fuimos comiendo hacia el escenario Tecate Light, pues ahí nos encontraríamos con algunas personas. Mientras tanto, era el momento del segundo artista sorpresa del día, y primer acto que vimos en esta edición del festival: Alicia Villarreal. No soy fan, pero me pareció una agradable sorpresa y la gente estaba muy prendida gritándole a los cuatro vientos que les había faltado jinete.

Después de esto, encontramos a las personas que buscábamos y, tras saludarlas, noté que no se veía que alguna de las ahí presentes tuviera ni la más mínima intención de moverse de ese lugar. Veía cómo mis probabilidades de ver a Saúl Hernández, a St. Vincent y a Massive Attack se variaban de forma inversamente proporcional a las probabilidades que ahora tenía de ver a… The Chainsmokers… y nada más, aparte de Green Day, obviamente (escribo esto mientras empieza aleatoriamente Digital Witness de St. Vincent en mi rotación continua, una vez más el destino burlándose de mí). Pero bueno, si de algo tenemos capacidad los seres humanos es de crear una justificación mental que permita procesar mejor lo que está pasando cuando las cosas no son positivas. En mi caso, mi cerebro se convenció a sí mismo de que, si me iba de ese lugar, no iba a conseguir algo similarmente decente a mi regreso al escenario principal, lo cual era cierto… supongo.

En fin, me tuve que aventar a… The Chainsmokers. No son lo mío, como se dijo por ahí, «la gente está teniendo una fiesta alrededor de nosotros y no me siento incluida» (Persona a la que le agradezco infinitamente que haya ido conmigo aunque tuviera muchas horas sin dormir y trabajo al día siguiente, 2025). The Chainsmokers está bien, supongo, pero se notaba que nada más le pusieron play y ya. Es eso o el sujeto que hace las voces canta exactamente igual a Chris Martin. La parte más interesante fue cuando le dieron play a un remix muy agradable de Amor Prohibido de Selena, a poco más de treinta años de su desafortunado asesinato.

Y así como empezaron, de repente terminaron. Ya solo hacía falta esperar unos minutos más para escuchar a Billie Joe Armstrong, a Mike Dirnt y a Tré Cool hacer de las suyas. Mientras tanto, en las pantallas se podía ver a Massive Attack tocando en el otro escenario. Una sola lágrima rodó por mi mejilla.

Hablando de pantallas, qué súper rayos con las pantallas del escenario principal. Por ahí leí que, como todo el escenario era una sola pantalla, era la más grande del mundo o una cosa así. No puedo negar que estaba cool, y me hizo pensar en cómo ha avanzado esa tecnología en la última década. Literalmente hace diez o quince años las pantallas eran horribles, con un lag enorme y con una calidad bajísima.

A las 11:55 en punto se apagaron las luces (las que podían apagarse) y empieza a sonar Bohemian Rhapsody. El momento se acercaba. Después empezó Blitzkrieg Bop. Por canciones de los 70s no paramos. Al terminar, aparecen las primeras señales de vida en el escenario. El conejo de Green Day inicia con lo suyo, y después, por fin, sale la banda. Lo que estuve esperando por 21 años estaba a punto de comenzar.

El concierto inició con The American Dream is Killing Me, primer sencillo de Saviors (2024), su álbum más reciente. No es mi favorita, pero vi a kilómetros que esa sería la primera. Después empezó lo que llamaré la «sección de Dookie». Como contexto, el año pasado Green Day hizo una monumental gira con Smashing Pumpkins (tan cerca pero tan lejos) en la que tocaron completos tanto Dookie (1994) como American Idiot (2004), sus dos álbumes más exitosos, para conmemorar su 30° y 20° aniversario, respectivamente. Supongo que esta «sección de Dookie» y la posterior «sección de American Idiot» son los vestigios de sus conciertos del año pasado, pues ahora en vez de tocarlos completos se enfocaron más que nada en los sencillos y unas cuantas canciones más en el caso de American Idiot. Tampoco son mis favoritos, yo soy ese tipo de sujeto insoportable que prefiere Insomniac (1995) y Nimrod (1997), pero es innegable, primero, que se iban a concentrar en tocar sus canciones más populares y, segundo, que esas canciones son, en su mayoría, buenísimas. Basket Case ocupa un lugar en mi corazón desde hace increíblemente no mucho, cuando era menor de edad me parecía buena y nada más, pero ahora… uff… UFF.

En fin, además de las cinco de Dookie, las ocho de American Idiot y las cuatro de Saviors, también se atrevieron a tocar Brain Stew de Insomniac, Good Riddance de Nimrod, Minority de Warning (2000) y Know Your Enemy y 21 Guns de 21st Century Breakdown (2008). Hubiera cambiado esas dos últimas por casi cualquier otra cosa, y hubiera preferido escuchar más de una canción de Insomniac, Nimrod y Warning, o algo de lo lanzado entre 21st Century Breakdown y Saviors, pero bueno, cuando eres parte de una banda que se acerca a los cuarenta años y que tiene catorce álbumes está difícil hacer el balance entre lo que debes tocar a fuerza y el complacer al pelado que quiere que toques una canción que salió nada más para el club de fans a principios de los 90s o algo así. Creo que en este caso tomaron la decisión adecuada, y no puedo negar que, aunque pudo haber estado mejor, como quiera estuvo INCREÍBLE y reviviría esas dos horas de mi vida una y otra vez si pudiera.

La canción estuvo tan buena que la estabilidad de la cámara pasó a segundo plano

Green Day se despidió con Good Riddance, como lo ha hecho desde hace más de 25 años y después de destrozar los sueños de un fan que quería que lo dejaran a él tocar esa canción (¿?). Por mi parte, con eso empecé el largo viaje de vuelta a mi carro, no sin antes buscar infructuosamente que algún lugar de esos que vendían limonadas me vendiera una, para cerrar mi experiencia Pa’l Norte de este año. No pude evitar sentir que me quedé con ganas de más festival, de Massive Attack, de Vadhir Derbez, obviamente, y de una de esas limonadas. Se podría decir que el Pa’l Norte de este año para mí fue solamente Green Day, así que, nomás porque no hubo algo que pudiera promediar para abajo la calificación*, creo que ha sido una de las mejores ediciones del Pa’l Norte de los últimos años. Como dije, Green Day estuvo increíble e inolvidable, aunque pudo haber estado todavía mejor. Dado que creo que las cuestiones de la vida que ponían en duda mi asistencia este año estaban justo en sus condiciones menos favorables en este momento, pienso que no será tanto problema asistir el próximo año. Uno siempre puede soñar.

Mi calificación final es…

Cuatro estrellas.

4/5
Quiero repetir esas dos horas una y otra vez.


PD
*Hice un promedio ponderado donde Green Day tiene un peso del 99% y The Chainsmokers el 1% restante, como debe de ser.

PD2

Lo único bueno de Chainsmokers junto con el remix de Amor Prohibido. Un DJ que sabe lo que quiere, definitivamente.

PD3

2 comentarios sobre “Pa’l Norte 2025 (Green Day, más que nada)

Replica a Lo Mejor de 2025: Conciertos – IDOQI Cancelar la respuesta