Aventuras Musicales de Ayer y Hoy #1

| Lugar: | Sergio’s. San Pedro Garza García, N.L. |
| Fecha: | 2 – Noviembre – 13 |
Como alguna vez dijeron los Jaguares (1999), «todo tiene un fin, menos el fuego de tus ojos que se pierden profundo en el misterio de la historias que no cuenta celestial calor del sol». En fin, este 18 de octubre de 2024, Japandroids, la banda canadiense que está justo en el punto medio entre el rock clásico y el punk, oficialmente llegó a su fin con el lanzamiento de su cuarto y último álbum de estudio, Fate and Alcohol. Sinceramente, es algo que se veía venir desde el su álbum anterior, Near to the Wild Heart of Life (2017), pero no por eso el golpe es menos duro. En algún momento de la vida estarán publicadas por aquí las reseñas de cada uno de sus álbumes, pero, por lo pronto, me gustaría rendirles un homenaje relatando la historia de cuando los empecé a escuchar y cuando los vi en vivo en el ya lejano 2013, uno de los mejores conciertos a los que he ido. Por supuesto, estoy haciendo que su separación gire alrededor de mi, como debe de ser.
La historia empieza allá por julio de 2013, con el anuncio de que Tame Impala llegaría por primera vez a Monterrey. Aunque para ese entonces todavía no era fan de la banda, un amigo sí lo era y me convenció de ir. Escuché Lonerism (2012), me puse al tanto de todo lo relacionado con ellos (o él), en fin, hice mi tarea, y mientras más se acercaba la fecha, más aumentaban mis deseos de que ya llegara el día. Nunca imaginé que la primera vez que vería a Tame Impala sería hasta septiembre de 2016, pues, unos días antes del concierto, el avión que transportaba sus instrumentos tuvo un retraso en su viaje de Argentina, donde había sido su concierto anterior, a México, causando su cancelación. Cuando me enteré, mi decepción fue inconmensurable y mi día se arruinó. Para superar mi decepción, navegue por la interweb buscando más explicaciones, algo que me permitiera racionalizar lo que había pasado. Durante esa búsqueda, en algún rincón del ciberespacio (probablemente en Sopitas o algo así) encontré una nota con el anuncio de que, aunque no habría Tame Impala, sí habría Japandroids en esta ciudad de las montañas.
Haré un paréntesis para dar una explicación. Algo pasaba en mi vida justo ese octubre. No estoy seguro de qué era, pero sentía una necesidad como de experimentar música nueva, de hacerme fan de algo nuevo, de escuchar cosas que no fueran lo mismo que ya llevaba años escuchando. Intenté hacerme fan de Crystal Castles, pero aparte de Untrust Us como que nomás no me llenó. Al ver el anuncio del concierto de Japandroids vi una oportunidad de saciar esa necesidad, aunque solamente había escuchado The Nights of Wine and Roses y no me había parecido extraordinaria. Le pedí a una amiga que me recomendara algunas otras canciones y me convencí de ir a verlos.
Llegó el día y nos dirigimos hacia el Centro de San Pedro. El flyer decía que el concierto empezaba a las ocho. Nunca había escuchado de ese tal Sergio’s, donde sería el concierto, por lo que no sabía que esperar. Al llegar a donde nos indicaba el mapa, notamos que nos encontrábamos en una calle residencial común y corriente. Una calle residencial común y corriente en la que había un lugar con un foco azul afuera. Nos pareció sospechoso. Nos acercamos y, quién lo diría, ahí era el Sergio’s. Llegamos a las ocho en punto e increíblemente eramos los primeros en llegar. Entramos a un lugar que literalmente se veía como un patio en obra negra, como si estuvieran construyendo una palapa, con cerros de material de construcción por ahí. Estábamos realmente confundidos. Al poco tiempo nos dijeron que estaban terminando de alistar el verdadero lugar del concierto y que nos avisarían cuando pudiéramos pasar.
Mis recuerdos son medio nebulosos a estas alturas de la vida, pero después entramos como a un tipo gimnasio de escuela estadounidense pero pequeño, literalmente un rectángulo con el bar y los baños en un lado. El escenario, que estaba junto a la puerta de entrada, era una tarima a la que te podrías subir sin necesidad de ayuda, como un escalón alto, digamos. La pared detrás del escenario estaba tapizada con amplificadores. Nos fuimos al fondo, esperamos pacientemente a que algo pasara y, mientras llegaba cada vez más gente, empezó el primer grupo abridor, De Nalgas. Tocaban un tipo punk medio político, medio «irreverente», lo que se espera de una banda con ese nombre y con un productor como Paco Ayala. Entre sus canciones se encuentran clásicos como Vergaviota y 89. Todavía estaba fresco el inicio del sexenio de Peña. No diría que me impactó su música, pero tampoco estaba mal, supongo. La única vez que volví a escuchar de ellos fue en el Vive Latino 2014, en el cual participaron. Al terminar De Nalgas (jeje), nos fuimos hasta enfrente para ver al segundo grupo abridor, Los Mundos. Sin duda, ellos nos causaron menos impacto que De Nalgas, pero, que yo recuerde, su música estaba muy interesante. Creo que siguen sonando por ahí en algunos festivales, aunque muchas veces los confundo con Los Planetas, entenderán por qué. Tal vez deba buscarlos, primero, para diferenciarlos y, segundo, para verificar si mi recuerdo de que valían la pena era cierto.
Ya iban a dar las doce cuando, por fin, Japandroids subió al escenario. Al ver a Brian King, guitarrista, lo primero que me dijo el camarada con el que fui fue algo como «no te pases, ese pelado estaba al lado de mi cuando fui a echar la medalla». Se presentaron con su tradicional «My name is Brian, he is David, and we are Japandroids from Vancouver, British Columbia, Canada», empezaron las primeras notas de Adrenaline Nightshift y todo tuvo sentido. Si algo describe la música de Japandroids es que suena como si esa vez fuera la última vez que van a tocar y tuvieran que darlo todo en el escenario, como si su vida dependiera de ello. Mientras tanto, yo, que estaba justo enfrente de ellos, me contagiaba de esa energía. Estaba tan enfrente que cada vez que Brian hacía headbanging tenía que hacerme para atrás para que no me diera un cabezazo, aunque no pude evitar que de vez en cuando me cayera su sudor, #NoMeArrepientoDeNada.
En ese entonces nada más tenían dos álbumes, Post Nothing (2009) y Celebration Rock (2012), con ocho canciones cada uno. Por esta misma razón, en el concierto tocaron sus dos álbumes completos, literalmente no se podía pedir nada más. Alguna vez mencionaron que incluyen pocas canciones en sus álbumes porque escuchar tantas seguidas puede llegar a cansar. A pesar de que generalmente escucho estos dos álbumes uno tras otro, no puedo negar que llegó un punto en el concierto en el que empezaba a ser cansado mantener el nivel de energía. Sin embargo, todo cambió cuando Brian se puso de espaldas al público, justo enfrente de mi. Pensé «no creo que lo haga», y veo que poco a poco se empieza a ir de espaldas (de nalgas, jejeje). Así es, se había lanzado al público, cayendo sobre mi. La raza lo cargó y yo no pude quitarme de abajo, así que me fui moviendo abajo de él todo el rato. Después de que lo regresaron al escenario, el slam estaba como nunca justo detrás de mi, y, en una de esas, que me empujan y que caigo en el escenario. Como dije, el escenario no era muy alto, así que me paré rápido y regresé a mi lugar entre el público.
No sé cuanta gente estuvo en el Sergio’s ese día, pero se veía lleno, con toda la gente cantando y dándolo todo, igual que los miembros de la banda. Después de no sé cuánto tiempo, el concierto termino con For the Love of Ivy, su cover de The Gun Club. Al finalizar la canción, hice lo que tenía que hacer… me subí al escenario (ósea, di un paso al frente, más que nada), me tomé una foto con ambos miembros de la banda y les pedí la hoja con su setlist, la cual todavía tengo guardada por ahí. Son canadienses, así que creo que está de más decir que eran muy agradables.
De esta forma acabó mi experiencia. Lo que viví en ese lugar fue inolvidable, y después de ese concierto no volví a ser el mismo. No es broma, esa pared de amplificadores estaba potente, mi audición nunca se recuperó. Pero aparte de eso, Japandroids se convirtió en una de mis bandas favoritas. Unos días después de verlos terminaron su gira mundial, justo en Argentina, y empezó la primera de sus largas pausas. Near to the Wild Heart of Life, el primer sencillo de su tercer álbum del mismo nombre, fue lanzada exactamente tres años después del concierto en Monterrey, el 2 de noviembre de 2016. Este álbum se publicó en enero de 2017, y a partir de ahí la banda solamente había lanzado un álbum en vivo, Massey Fucking Hall (2020), motivados por la pandemia de COVID-19 y la falta de experiencias en vivo. En muchas entrevistas han dicho que para ellos es muy difícil escribir canciones, y que cuando lo hacen es solamente para volver a los escenarios, que es lo que realmente les gusta hacer. Conociendo eso, que su concierto más reciente había sido en 2018 y que, según sabía, Brian había dejado Vancouver y por alguna razón estuvo viviendo en la Ciudad de México, me hizo pensar desde hace tiempo que la banda ya se había separado, nomás no habían avisado. La verdad, me pone triste saber que no volveré a ver a Japandroids en vivo, pero agradezco inmensamente el que, como regalo de despedida, hayan grabado y lanzado un álbum más antes de poner el punto final. Espero que todo les salga bien en sus planes futuros, vaya, vaya que se lo merecen.
PD
La única otra vez que supe algo del Sergio’s fue como cuatro o cinco años después, cuando vi que Dani Shivers había dado un concierto ahí muchos años antes. Estoy casi seguro de que ese lugar era una fachada para lavar dinero o algo parecido.

[…] es de vida o muerte. De cualquier forma, es una gran, gran despedida para un gran, gran grupo. Por aquí dejo el pequeño homenaje que les hice. Van dos meses y todavía les […]
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