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Pa’l Norte 2026 (La Maldita Vecindad, más que nada)

LA MALDITA VECINDAAAAAAD.

Pequeñas Crónicas (En Vivo) #16


Lugar:Parque Fundidora. Monterrey, N.L.
Fecha:27 – Marzo – 2026

Este Pa’l Norte fue peculiar. O bueno, digamos que mi experiencia particular en este Pa’l Norte fue peculiar, pues el evento sigue siendo ese mismo monstruo masivo de todos los años. En otra ocasión ya había dado mi opinión acerca del cartel de esta 14° edición del festival más ascendente de todos, en la cual mi conclusión fue que, a mi parecer, todos los días estaban mediocres, pero si tuviera que escoger uno, sería el viernes, no para ver a Tyler, the Creator o a Deftones, sino para ver a La Maldita Vecindad. Pues increíblemente mi deseo se hizo realidad, pero al estilo pata de mono. Esta es la pequeña crónica de mi 13° asistencia consecutiva al festival más grande del norte del país, el Pa’l Norte, en su edición 2026.

Como ya señalé, el cartel de este festival no me atrajo mucho, pero ya tenía un rato con ganas de volver a ver a La Maldita Vecindad. Alguna vez, tal vez hace más de veinte años, tuve oportunidad de compartir una comida con el legendario Roco Pachukote, líder de La Maldita, y si bien puedo confirmar que es una gran persona, la experiencia no me hizo fan de su música. Años después, en 2014, La Maldita Vecindad vino a Monterrey en lo que, según entendí, era su gira del adiós. Seguía sin ser fanático, pero ¿cómo iba a dejar pasar la oportunidad de ver en vivo a una de las bandas emblemáticas del rock mexicano en la que probablemente sería su última vez en la ciudad? Tal vez cuente esta historia con más detalle en el futuro, pero el punto es que fui y estuvo maravilloso. Grande fue mi sorpresa cuando vi que ni siquiera hubo un descanso o algo así, La Maldita siguió existiendo como si nada la fuera a detener. Me ofendió la mentira, pero no tanto como para odiarlos. Fue hasta 2020, unos meses antes de que el SARS-CoV-2 llegara al país, que empecé a escucharlos ahora sí, y vaya que qué buenos son, su discografía es mucho mejor de lo que esperaba.

Viendo que estarían el primer día del Pa’l Norte, no dudé en pensar “puedo ir a ver a La Maldita ahora sí como fan, y aprovecho para ver de rebote a Interpol otra vez, a Deftones y a Tyler, the Creator”. Mi plan ya estaba hecho, solamente era de esperar a que salieran los horarios para confirmar la hora a la que nos iríamos y el itinerario que ibamos a seguir, confiando en que su horario fuera después de las ocho de la noche, para no estar apurados. Vaya que fui feliz al ver que La Maldita Vecindad estaría de 10:20 a 11:30, dándonos un margen muy amplio para llegar. Sin embargo, mi felicidad se evaporó cuando vi que…

En fin, partimos hacia Fundidora a las ocho en punto. Una de las ventajas de ir tan tarde es que te evitas todo el horrible tráfico que se hace alrededor del parque, como pude comprobar en ediciones anteriores. De cualquier forma, entramos al territorio Pa’l Norte a las 8:40, y eso que vivo relativamente cerca del parque. Afortunadamente a esa hora todavía alcanzábamos a ver a SONIDOOOOOO MA-MA-MA-MAAAAAAZTER en el Pilo’s Bar. Juro que puedo explicarlo, hay motivos personales de por medio, aunque al mismo tiempo no tengo porque estar dando explicaciones. Llegamos justo para escuchar Cumbia a Jujuy, y mientras tocaban la siguiente y última, que honestamente desconozco, procedimos hacia el Escenario Sorpresa, porque si algo no nos queremos perder es a los artistas sorpresa. En el trayecto pasamos junto al Escenario “Acústico” mientras estaba La Santa Cecilia, que consideré ver solamente porque sabía que existían. No es lo mío, pero no sonaba mal tampoco.

Llegamos al Escenario Sorpresa, que está junto al escenario principal, y nos llegó la desdicha por partida doble. Primero, en el escenario principal todavía estaba Morat y lamentablemente tuvimos que escuchar su última canción. No se lo deseo a nadie, ni a mi peor enemigo, que justo es uno de los miembros de Morat. Después, llegó el turno del segundo artista sorpresa de la noche y resultó que era La Arrolladora Banda El Limón. Gran decepción, no tolero la banda, y supongo que toda esa chaviza que cantaba a todo pulmón tampoco lo haría si TikTok no les hubiera sugerido que la toleraran o algo así.

Tras este fracaso, era hora de cenar. Fuimos directamente a la zona de food trucks, que pensamos que estaría menos congestionada que la otra zona de cómidas que está frente a la escuela Adolfo Prieto. De entre todas las opciones, escogimos los tacos de barbacoa del Amigo, acompañados de una de las limonadas que se me negaron el año pasado. No acostumbro cenar barbacoa, pero la vida es un riesgo, k-rnal, y la limonada estaba bien.

El tiempo iba volando, y era hora de tomar decisiones. Una opción era regresar hasta el escenario principal para ver como cinco minutos de Interpol y trasladarnos hasta el escenario Fusión, el que está casi llegando a Juárez, para ver a La Maldita desde el inicio, la otra era irnos directo al Fusión y esperar ahí. Otra opción menos popular era ver a Los Payasónicos en el Pilo’s Bar, pero decidimos ir directo al Fusión. Como quiera pasando por el Pilo’s Bar alcanzamos a escuchar a Regalito, supongo, aventándose la de okay alright con una obscenidad de público. Para los no regios, como yo, les juro que no hay algo más fantástico que la cultura regia.

Llegamos al Fusión, obviamente después de pagar la caseta de la autopista, escogí un buen lugar y esperé a que Roco, Aldo y Pato se subieran al escenario. Lo que vi no me sorprendió, el promedio de edad era mucho más alto que en cualquiera de los otros escenarios, estoy cien por ciento seguro. A las 10:20 en punto empezó la magia. Yo estaba en que la primera iba a ser o el clásico Solín o la meta-canción Quinto Patio Ska, pero me inclinaba más por Solín. Fue Quinto Patio Ska. Era sorprendente ver a Roco, a sus sesenta años, saltar, bailar y cantar como si tuviera mi edad o menos. Si yo hiciera lo mismo que él, estoy seguro de que no llego ni a la tercera canción. Entre canción y canción, Roco predicaba sobre la paz y el baile, sobre como todos somos hermanos, el poder latino, entre otras cosas. Hasta hizo un “ritual” para alejar la mala vibra. Debo decir que no comparto el cien por ciento de sus opiniones, pero era muy agradable ver a alguien que, por lo menos en el escenario, defiende sus convicciones de esa forma. Espero que nos dure mucho tiempo más.

El setlist se concentró en gran medida en su clásico El Circo (1991), con solamente una canción de su álbum debut (1989), una de Baile de Máscaras (1996), una de Circular Colectivo (2009), un cover de José José y un sencillo lanzado por ahí de 2022. Me pasó lo mismo que cuando vi a Linkin Park o a Green Day en el Pa’l Norte pasado, pues yo esperaba escuchar más canciones de Baile de Máscaras y de su álbum que ni siquiera tuvo representación en el setlist, Mostros (1998), pero bueno, quedó clarísimo que esta gente tiene todavía muchísima energía para seguir dándolo todo en el escenario, a pesar de tener ya cuarenta años haciéndolo.

Debo hacer mención de los dos invitados que tuvieron. Uno fue Gustavo Cervantes, presentado como “Gus Cervantes, de la familia Cervantes de San Luis Potosí”, que por sí solo no dice mucho, pero es el sobrino del legendario Sax, el saxofonista original y parte clave en el sonido de La Maldita, que murió de COVID-19 hace ya cinco años, mientras que el otro fue Campa, el gran ex-acordeonista de El Gran Silencio. Excelentes invitados para acompañar en Un Poco de Sangre, Don Palabras y obviamente Pachuco. La banda cerró con Kumbala fusionado con La Boa, y así por fin cumplí con mi objetivo de volver a ver a La Maldita Vecindad.

Se preguntarán que por qué tanto énfasis en La Maldita si en un festival se ven a muchos, muchos artistas. Pues resulta que el motivo de mis desvelos y de que tuviera que llegar después de las ocho al Pa’l Norte también se encargó de hacer que tuviera que volver a mi casa inmediatamente después de escuchar Kumbala, por lo que ya no hubo ni Deftones ni Tyler, the Creator para el que esto escribe. No es su culpa, solamente así pasó. Se puede decir que nada más vi a La Maldita Vecindad. Es más, si se es pesimista, se puede decir que pagué un boleto del Pa’l Norte para ver exclusivamente a La Maldita, lo cual va más allá de cualquier buena práctica financiera y me deja abierto a sus burlas, las cuales merezco, como quiera estas me hacen lo que el viento al municipio en el que se encuentra el escenario Fusión. Solamente el recordar cómo se me enchinó la piel al escuchar Un Gran Circo me hace pensar que todo valió la pena… o que debo ir al doctor porque podría tener gripa. Me hubiera gustado muchísimo pasar más tiempo en territorio Pa’l Norte, pero así son las cosas y siempre habrá oportunidad los próximos años. Ya lo pasado, pasado, como escuché ese día. Debo admitir que esta racha de asistencias seguidas se está haciendo insostenible, pero, si dependiera solamente de mí, podría continuar indefinidamente. A ver qué nos depara el próximo año.

Mi calificación final es…

3/5
Saca la chamba

PD
Nunca imaginé que esa canción de Sonido Mazter se llamaba Cumbia a Jujuy, ¿qué clase de nombre es ese? Y yo sé que Jujuy es una región de Argentina o lo que sea.

PD2
El sábado después del Pa’l Norte me encontré a Duff McKagan de Guns n’ Roses en Fashion Drive. Muy amable sujeto, tuve la oportunidad de sacarle plática aparte de la foto pero, como no soy fan, no tenía ni idea de qué decirle. Llegando a mi casa me di cuenta de la gran oportunidad desperdiciada de no haberle pedido más contexto sobre este gran momento:

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